Los culpables del hundimiento del Popular (3): Emilio Saracho, el ejecutor a sueldo del Santander

PorAPBPE

Los culpables del hundimiento del Popular (3): Emilio Saracho, el ejecutor a sueldo del Santander

Fuente: Diario16.

Emilio Saracho accedió a la presidencia con un único objetivo: la venta del Popular al Santander sin importar las consecuencias para sus clientes y accionistas.

Todo lo ocurrido con el Popular pudo, presuntamente, comenzar así. «Emilio Saracho se encontraba sentado en su despacho de JP Morgan Chase cuando su secretaria le anunció una llamada muy importante que no podía dejar de contestar. Al otro lado del teléfono se encontraba Luis de Guindos que le trasladó una operación financiera que terminaría sí o sí con la compra del Banco Popular por parte del Santander. La primavera estaba en su apogeo y lo que escuchaba al otro lado del aparato le gustaba. Siempre fue un hombre al que le gustaron los retos y el que le planteaba el ministro de Economía le parecía uno de los mayores de su vida profesional, una vida profesional que estuvo siempre ligada a la banca de inversión y a los mercados. La única pega que le veía era que él no tenía ninguna experiencia en la gestión de banca comercial, pero su interlocutor le confirmó que precisamente eso era lo que estaban buscando porque necesitaban a alguien que conociera a la perfección los movimientos que había que realizar para poner al Popular en una situación límite que abriera la puerta a una compra que no supusiera un gran reembolso a la entidad cántabra. No lo pudo rechazar. Por otro lado, se le informó de los movimientos que estaba haciendo una parte del Consejo de Administración para provocar un relevo en la presidencia del Popular. Había que aprovecharse de esa operación para que el Santander quedara al margen del foco. Todos saldrían beneficiados, incluso JP Morgan Chase, puesto que el banco de inversión era, a través de Chase Nominees, uno de los máximos accionistas del Santander. No pudo decir que no».

Aunque en aquel momento trabajara para la entidad estadounidense, él era un hombre del Santander. Había tenido dos etapas en el banco cántabro y todo lo que era se lo debía. Por tanto, no tendría ningún problema. Además, para realizar una operación de tal calibre iba a tener a su disposición la colaboración de las autoridades europeas y españolas que, llegado el momento, actuarían del modo conveniente para que nada ni nadie pudiera entorpecer los movimientos necesarios para cumplir con el objetivo que le habían marcado.

Su paso por el banco cántabro dejó huella. En la década de los 80 del siglo XX participó activamente en la creación de Banco Santander Negocios donde gestionó la división de banca de inversión. Su labor en este terreno le valió que en 1989 fuera nombrado responsable de la división de Grandes Empresas del Grupo Santander y nombrado Director General Adjunto. Fue asimismo consejero de FISEAT, Santander de Pensiones y Santander de Leasing. Un año después se marchó a Goldman Sachs en Londres hasta que regresó en 1995 como Director General responsable de Investment Banking.

Emilio Saracho negoció su salida de JP Morgan Chase incluso antes de que Ángel Ron dimitiera de su cargo. El banco americano le pagó íntegramente su bonus de jubilación y su contrato a pesar de que aún le quedaban años para cumplirlo. Tal y como le prometieron, JP Morgan sería uno de los beneficiarios principales de la operación porque Chase Nominees pertenece al banco de inversión americano y es uno de los máximos accionistas del Santander. Ha habido informaciones que han apuntado a que JP Morgan era uno de los candidatos para comprar el Popular, sin embargo, la realidad es que la sexta entidad bancaria española estaba adjudicada desde el mes de mayo de 2015.

La presión del equipo “Del Valle-Calderón” hacia Ángel Ron era ya cruel. Paralelamente a los movimientos de Luis de Guindos y del Santander, la rebelión en el Consejo de Administración era ya un hecho y, por recomendación del ministro de Economía, los rebeldes capitaneados por Antonio del Valle, también se habían fijado en él como el hombre adecuado para encabezar la operación desde la presidencia tras la caída de Ron. En la comida del restaurante Paradis se encontraba también Ramón Mora-Figueroa Domecq, consejero e importante accionista del Banco Popular, quien fue uno de los que avaló a Saracho para sustituir a Ron. Entre aquél y Mora-Figueroa ya había una relación profesional previa ya que vendió su bodega a Gonzalez Byass a través de JP Morgan. Por otro lado, Saracho tenía una amistad de años con los Mora-Figueroa.

Los titulares de las notas de prensa que la profesora de la Universidad de Navarra enviaba o dictaba a ciertas redacciones, junto a las redactadas por un alto directivo de una multinacional energética, estaban generando una situación insostenible. Saracho ya estaba en Madrid manteniendo reuniones con los “consejeros rebeldes” haciéndoles ver que él era el hombre adecuado para llevar al Popular a ser vendido al Sabadell. Les expuso un plan de ataque al precio de la acción que se ceñía a la perfección a los intereses de Antonio del Valle y a la estrategia bajista que el mexicano había diseñado para llevar el valor a una cantidad inferior a 0,45 euros, lo que facilitaría el interés de compra de la entidad catalana. Sin embargo, Emilio Saracho también mantenía encuentros con directivos del Santander y altos cargos del ministerio de Economía e, incluso, con el propio Luis de Guindos a quien informaba de los movimientos que el tándem “Del Valle-Calderón” iban a realizar, unos movimientos que se ajustaban perfectamente a la estrategia diseñada por De Guindos y el Santander.

Ángel Ron anunció su dimisión en el mes de noviembre de 2016 para no perjudicar a la entidad. Se iba con la conciencia tranquila, a pesar de sus errores, y dejando un plan de viabilidad que había sido aprobado tanto por el Banco de España como por el Ministerio de Economía que sería la solución para reflotar al que en un pasado no muy lejano fue considerado como el mejor banco del mundo.

Aunque no fue confirmado como presidente hasta el mes de marzo, Saracho ya hacía las funciones y comenzó a pilotar la operación bajista. Despachaba habitualmente con Del Valle y con Calderón para hacerles ver que todo estaba encarrilado según el plan que ellos le habían planteado y los resultados de la acción en bolsa daban fe de ello. Los mexicanos estaban tranquilos. Pensaban que se harían con el banco.

Emilio Saracho, por otro lado, sí que despachaba con directivos del Santander y con altos cargos del Ministerio de Economía, cuando no directamente con la presidencia ejecutiva y con el propio ministro en encuentros muy discretos en oficinas del centro de Madrid. Todo estaba yendo como estaba planeado. Del Valle y sus inversores mexicanos estaban tranquilos viendo cómo el precio de la acción se estaba depreciando. Los mercados, manejados desde sus antiguos compañeros de JP Morgan estaban realizando un trabajo excelente con movimientos a corto progresivos que no hacían saltar demasiado las alarmas ni de la prensa ni de las autoridades supervisoras que, por otro lado, miraban para otro lado mientras el precio de la acción bajaba de un modo sostenible. Según los expertos en mercados financieros consultados por Diario16, la operación parecía diseñada por Javier Martín-Artajo, ex directivo de JP Morgan, y uno de los gurús del mercado hasta el Escándalo de la Ballena de la City.

Sin embargo, en el Santander estaban nerviosos por los acontecimientos internacionales (mayor exposición en Latinoamérica, sobre todo en Brasil, y comienzo de las negociaciones del Brexit en las que la dureza de la posición de la UE hacía presagiar que se podría dar un Brexit duro, es decir, la salida total del Reino Unido del mercado común) y se lo trasladaron a Saracho. Había que acelerar la operación.

En esos días, se celebraba la Junta General de Accionistas en la que Emilio Saracho, en primer lugar, aprobó las cuentas auditadas por PwC en las que ya se advertía de deficiencias. El presidente del Popular dijo que no era importante y las firmó. Por otro lado, viendo la situación de la acción presentó como dos soluciones para reflotar la entidad: una ampliación de capital o una operación de venta. Cualquier estudiante de económicas sin experiencia en la gestión de una entidad hubiera dado esa misma solución obvia. Lo peor de todo no estaba en la obviedad sino en la falta de concreción de cada una de las dos opciones. ¿Cuánto supondría la ampliación de capital? ¿En qué términos se aceptaría una operación corporativa de venta? Dos preguntas lógicas que Saracho no concretó y que, por supuesto, tuvieron una respuesta en los mercados ya que en menos de 15 días las acciones del Popular perdieron un tercio de su valor. ¿Fue premeditado el no concretar para generar aún más caos en el mercado que debilitara aún más la posición de la entidad? Todo indica que sí. En la Avenida de Pereda de Santander estaban satisfechos con su hombre.

Mientras la acción continuaba bajando y los titulares de la prensa dictados por Calderón seguían generando pánico en los mercados y en los clientes, Saracho ya estaba planeando el siguiente paso. Hubo hasta filtraciones de quiebra que fueron desmentidas ante la CNMV y que le costaron el puesto a Francisco Aparicio Valls por adelantarse a los tiempos marcados. Lo que no se esperaba Saracho era que Antonio del Valle, viendo que el presidente que ellos creían que habían puesto, iba por libre y tomaba decisiones sin consultarlas con él ni su grupo, le planteó una ampliación de capital que los mexicanos asumirían en su totalidad: 10.000 millones de euros con los que tomarían el control absoluto del Popular.

Este movimiento de Del Valle era inesperado. La operación para entregar el Popular al Santander debía acelerarse y, como todo lo que se hace con precipitación, Saracho cometió errores.

El primero fue presionar a los fondos bajistas para que forzaran la situación, lo que provocó un incremento de las operaciones a corto que comenzaron a poner en alerta tanto al Banco de España como a la CNMV quienes ya informaban al Ministerio de Economía que con ese planteamiento no podrían seguir mirando hacia otro lado mucho más tiempo. El segundo error fue comenzar a realizar movimientos que rozaban la línea roja de la Ley, cuando no la superaran, como, por ejemplo, provisionar activos viables, sin ningún tipo de toxicidad, cosa que es ilegal. Con ello logró restar liquidez. En tercer lugar, Saracho no aportó todas las garantías que tenía el Banco Popular Español ante el Banco de España para acceder a una línea de liquidez de urgencia de 4.500 millones de euros que la sexta entidad financiera del país tenía a su disposición, tal y como confirmó el subgobernador del BdE. El cuarto error que cometió fue muy grave porque mintió. El día antes de la intervención viajó a Francfort para reunirse con las autoridades europeas y afirmó que no le habían recibido, cosa que no fue cierta puesto que sí que mantuvo una reunión, posiblemente con quien por la noche tomó la decisión de intervenir al Popular y entregárselo al Santander por un euro: Antonio Carrascosa.

El mismo día de la intervención el Santander decidió prescindir de Emilio Saracho como presidente del Popular. Él quiso tener un gesto de cara a la galería afirmando que renunciaba a cuatro millones de euros. Sin embargo, sigue relacionado con la entidad cántabra en calidad de asesor especial para el proceso de absorción, cargo que, supuestamente, terminará en el mes de septiembre.

Emilio Saracho es uno de los principales culpables del hundimiento del Banco Popular. Desde luego, es el ejecutor y, por tanto, la persona a quien se le encontró el arma humeante en las manos junto al lugar del crimen. En primer lugar, actuó como un espía doble haciendo ver a Del Valle, Calderón y al resto del consejo de administración que estaba a su servicio cuando, en realidad, su función era otra. En segundo lugar, porque su labor durante los meses en que ocupó la presidencia fue perfecta, hizo lo que se le dijo que había que hacer con una precisión de cirujano. Todo un profesional de la liquidación. En tercer lugar, porque en ningún momento tuvo la intención de aplicar el plan de viabilidad de Ángel Ron porque ello habría conllevado el fracaso de la operación. En cuarto lugar, porque cometió errores muy calculados orientados a generar el pánico entre los mercados y, sobre todo, entre los clientes. Sin embargo, también cometió errores por precipitación que pueden llevar al fracaso absoluto de toda la estrategia diseñada por Luis de Guindos y el Santander ya que esos fallos han generado unas consecuencias que chocan contra la legalidad y forzaron a tomar decisiones, que ya estaban previstas, de manera imprudente y que son las que están tomando las víctimas de Saracho en sus demandas judiciales.

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La APBPE - Asociación de Perjudicados del Banco Popular Español, tiene como objetivo defender los intereses de sus miembros frente actuaciones de dudosa legalidad del Banco Popular.

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