La gran mentira de los depósitos del Banco Popular como causa de la intervención

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La gran mentira de los depósitos del Banco Popular como causa de la intervención

Fuente: Diario16.

Uno de los argumentos que han argüido quienes tomaron la decisión de intervenir el Banco Popular y regalárselo al Santander por un euro dejando en la ruina a más de 300.000 accionistas es que la entidad estaba perdiendo una parte importante de sus depositantes, hecho que creaba un grave problema de solvencia. El hecho, en sí, es cierto. Nadie puede dudar de que en los meses anteriores a que la que era la sexta entidad financiera del país fuera incautada por las autoridades europeas hubo miles de clientes que retiraron sus depósitos a causa del miedo que se estaba generando desde los medios de comunicación afines a la operación —incluso se llegó a publicar que el Popular estaba quebrado—, desde las instituciones españolas y europeas y, sobre todo, desde el propio consejo presidido por Emilio Saracho.

Sin embargo, tomando como ciertas las cifras globales de la cantidad de depósitos que salieron del Popular, hay ciertos elementos que dan a entender que el manejo de esta cifra global por parte de quienes tomaron la decisión no se tomaron en cuenta. El primero de ellos es crucial: el Popular tenía en enero de 2017 un total de 71.743 millones de euros de los que salieron 18.522, según los datos de la Asociación Española de la Banca. Fueron muchos millones pero, en realidad, no suponen ni un tercio del total del que disponía el banco. La cifra es espeluznante pero el día de la intervención el Popular disponía de unos depósitos por encima de los 50.000 millones de euros.

El segundo dato, no refleja tanto la responsabilidad de quien tomó la decisión sino de quien fue el ejecutor de la operación: Emilio Saracho ya que las mayores fugas de depositantes se produjeron tras la irresponsable rueda de prensa del entonces presidente tras la Junta de Accionistas en la que propuso dos soluciones a la situación de la entidad, algo que produjo el pánico tanto en los mercados como entre los clientes. ¿Un presidente que llegó para salvar al Popular y que no tenía claro si la solución era una nueva ampliación de capital o una operación corporativa? ¿En qué manos estaba el dinero de los clientes del Popular, un banco que hasta la llegada de Saracho se había caracterizado, precisamente, por la seriedad a la hora de tomar decisiones (fueran acertadas o equivocadas)? De los dieciocho mil millones que salieron del Popular, más de 14.000 salieron tras estas declaraciones de Saracho, declaraciones que, evidentemente, además de mostrar su desconocimiento de la banca comercial, demostraba su profesionalidad a la hora de manejar al mercado, es decir, que si Saracho no hubiese mostrado su irresponsabilidad y su ineptitud perfectamente calculada, era muy posible que los depósitos hubieran podido seguir saliendo pero no al ritmo despiadado en que lo hicieron tras sus palabras.

En tercer lugar, y para darle más peso a las palabras de Saracho en la rueda de prensa y acelerar la salida de depósitos, las declaraciones de Elke König el día 31 de mayo al afirmar en la cadena Bloomberg que el Popular estaba en vigilancia porque se hallaba en «alerta temprana».

En cuarto lugar, la propia naturaleza de los depósitos que salieron. Es normal que el cliente minorista, ante el temor a perder sus ahorros, deje la entidad en que los tiene depositados. Sin embargo, no es muy habitual la salida en masa de los clientes institucionales, de las Comunidades Autónomas o de los Ayuntamientos. Está claro que alguien dio información privilegiada a estas entidades de que se producirían novedades nada positivas para el Popular y que se recomendaba que se sacara el dinero de ahí. La pista de quién, presuntamente, pudo ser la tenemos en quién tiene acceso directo a estas instituciones y manejaba información directa de la situación, tanto del Popular, como de la operación para rescatar al Santander. Según ha podido saber Diario16 a través de fuentes de extrema credibilidad, ya hay demandas penales presentadas o a punto de presentarse contra Luis de Guindos acusándole de prevaricación. Por otro lado, según las mismas fuentes, los abonos a las Comunidades Autónomas que eran clientes del Popular por parte del Gobierno de Mariano Rajoy se realizaron en otras entidades antes de que estas instituciones sacaran sus depósitos.

Tras la intervención, el Santander se quedó con esos más de 50.000 de millones en depósitos, cantidad con la que está sacando rentabilidad, lo mismo que con la cartera inmobiliaria o la de Pymes, de la que el Popular tenía un 26% del mercado. Además, a los datos que ya se han dado en este medio por los que la operación ha tenido un coste 0 para el banco cántabro y que la rentabilidad está siendo inmediata, hay que sumar la gestión que está haciendo el Santander de esos depósitos. Por otro lado, esos más de 50.000 millones le están reparando un grave problema: la liquidez. Hay que tener en cuenta que la entidad cántabra, de no haberse hecho con el Popular de la manera en que se lo hizo y con el apoyo de las instituciones económicas y políticas españolas y europeas, hubiera quedado en una situación de extrema gravedad por los problemas de la desaceleración latinoamericana —sobre todo en México y Brasil—, y por las consecuencias del Brexit, además de por el elevado coste que están suponiendo ciertos productos estrella en el mercado español. De ahí las prisas por sacar rentabilidad rápida o poner todos los recursos disponibles para que la operación no sea anulada o suspendida cautelarmente por la Justicia.

Mientras todo esto ocurre, los 300.000 afectados siguen en su lucha por recuperar lo que es suyo y que se les arrebató con nocturnidad y alevosía una noche del mes de junio.

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